Figuras Retóricas Visuales

Del libro de Eva Iglesias Bilbao y Edu Barbero "figúrate, un imaginario retórico para mirar" con intro de Teo Serna (papeles para mirar nº 20, Ediciones Babilonia, 2019).

JARDÍN DE FIGURAS RETÓRICAS O EL ARTE DE SABER MIRAR

 

Entramos en un jardín frondoso que tiene algo de prohibido, de cerrado, de hortus conclusus… entramos en un territorio lleno de plantas extrañas con nombres raros, que pacientes taxónomos han catalogado, como se catalogan esas mariposas que duermen su sueño eterno perfectamente etiquetadas, insertadas con largas agujas: la belleza presa, fósil poético que quisiera volar siempre, pero que guarda sus promesas en esa metáfora cerrada que es la caja de cristal. Nos embarcamos (¡quién sabe!) para la Citerea idílica y frondosa que un Watteau posmoderno pudiera haber soñado, despojada (ésta sí) de personajes y de putti.

Mucho tienen estas figuras retóricas de lámina iluminada por la lenta mano de un monje; algo tienen en su médula de esos nombres en latín que tan bien suenan, más allá de su significado para iniciados: Herbarium Vivae Eicones[1],   Plantarum Seu Stirpium Historia[2]…; algo (o así me lo parece) de nombre de enfermedad rara que se contagiara al destapar el sarcófago de un faraón perdido en el Valle de los Reyes: aliteración, analepsis, catacresis, pleonasmo… nombres tan crípticos como bellos que ponen en marcha recursos poéticos y son, ellos mismos, poesía fonética, sonoridad sonora.

Una vez pisados los senderos frondosos de este jardín; una vez que nos sentimos heridos por las espinas de sus rosas o inoculados por los venenos sutiles de sus plantas (como se sintiera aquella Hija de Rappacini [3]), un mundo oculto se nos revela. Es entonces cuando los sentidos se sorprenden y cambian: los ojos pasan de mirar a ver, y la sinestesia encuentra su camino entre los colores, los olores, los sonidos y el tacto.

Ahí están los jardineros precisos: Edu Barbero y Eva Iglesias, cargados con sus catalejos, con sus tijeritas de plata, con sus caleidoscopios, con sus reglas de mercurio, con sus anteojos para ver lo que nadie ve… porque es tarea del artista descubrir otros mundos que están (como algunos ya sospecharan) en éste.

Es el ojo preciso, son los ojos precisos del poeta los que hacen el trasvase palabra-imagen o imagen-palabra, en un fluir constante entre mundos paralelos, en una teoría cuántica antes de la física y después de ella.  Ojos acostumbrados a mirar, pero diestros en ver; ojos-tiralíneas, ojos-bigotera, ojos-cartabón que trazan singladuras en los mapas de las corrientes marinas, en los océanos de aguas abisales. Ojos-brújula para no perderse o para perderse cuando los polos olviden su magnetismo. Ojos-avispa que pican sin piedad la realidad aparente y fabrican la realidad-otra: una realidad inventada, necesaria, producto imaginativo de pulsiones que acunan el corazón más allá de la mera víscera; una realidad que habita detrás de todas las puertas cerradas de las casas abandonadas; detrás de todas las paredes con viejos papeles pintados; dentro de todas las carpetas azules que guardan los secretos de la poesía, de los sueños aquellos que fabrican el ectoplasma sutil de la verdad que deviene en belleza.

La mano del poeta agarra el escalpelo, traza finísimas líneas en la piel de lo oculto y compone artefactos buscando el equilibrio perfecto entre significado y significante; pega con su cola de carpintero trocitos de madera para construir casas que no se pueden habitar sino con la locura precisa del ave exótica que vive en la rama oculta de una semiótica sinestésica, de una anfibología perpetua.

Abramos los ojos; miremos y veamos, de una vez y de un solo trazo, lo que hay tan cerca y tan lejos: encima de las mesitas, por ejemplo, al lado mismo de nuestras cabezas, aunque creamos que sólo son jarrones de porcelana o lámparas de luz mortecina. ¿Es pues, la realidad esto que vemos o aquello que imaginamos? Digo y pregunto en retórica antipáfora… Y respondo:

“Menos mal que hay visionarios como Eva, como Edu, que ven por nosotros con sus lentes de aumento y nos hacen comprender con la luz encendida, siempre, de sus bujías”.

 

                                                                                                      Teo Serna

                                                                                        Manzanares, verano, 2018

 

 

[1] Tratado sobre plantas escrito por el botánico Otto Brunfels , editada en Estrasburgo en 1530.

[2] Obra del médico y botánico flamenco Matthias de L’Obel publicada en 1576, de gran importancia en la historia de la Botánica y la Medicina Natural.

[3] Cuento gótico del escritor norteamericano Nathaniel  Hawthorne.

Fuentes consultadas para las definiciones a pie de las imágenes de las figuras retóricas:

 

 

●       Beristain, Helena, Diccionario de retórica y poética, México, Editorial Porrúa, 1995.

 

●       Diccionario de la Real Academia Española. http://www.rae.es/

 

●       Díez Borque, J.M. (1990). Comentario de textos literarios. Método y práctica. Madrid: Editorial Playor.

 

●       Dondis, D, (1992).La sintaxis de la imagen.Introducción al alfabeto visual. Barcelona, Gustavo Gili

 

●       Marchese, A. y Forradellas, J. (1991). Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Editorial Ariel

 

●       Mortara Garavelli, B. (2015). Manual de retórica. Madrid: Ediciones Cátedra

 

●       Retóricas, www.retoricas.com

 

●       Romera, A. Manual de Retórica y recursos estilísticos. http://retorica.librodenotas.com/