14 laureles
sabiñán, el valle
Reportaje inacabado de varios recorridos por los lugares de la infancia / fotografía digital / 2021 / 2025
"Nunca hubo horas más vivas que aquellas horas muertas de verano"
Julián Alonso
"Los lugares nos recuerdan incluso cuando
nosotros los hemos olvidado."
— Juan Villoro
Volver a los lugares de la infancia tras medio siglo, sin saber del todo por qué. No es nostalgia. Tampoco curiosidad. Es más bien un leve impulso, una voz baja, intuida. Como cuando se roza una pared antigua y, en vez de historia, hay polvo… o la huella de algo muy profundo que ya partió.
Recorrer los viejos trazos: calles, caminos, ríos y pasillos que me sostuvieron sin que yo lo supiera. Algunos siguen, cincelados por el tiempo; otros se han disuelto. En su lugar: una valla, un claro, la maleza, un silencio que duele. También surgen rincones no recordados que parecen haberme esperado desde siempre. Nada está igual. Pero nada me resulta ajeno.
Fotografiar y detenerme en ese borde. No para reconstruir lo perdido ni para celebrar lo que queda, sino para tocar —con la cámara— lo que asoma cuando ya no se espera nada: una luz, una forma, un hueco donde antes hubo algo y ahora no se sabe qué. Las imágenes de esta serie son eso: fragmentos desplazados. A veces, memoria. A veces, ausencia. A veces, pura presencia nueva, sin pasado.
Regresar a los sitios que transité de niño ha sido comprender que los espacios también encuentran nuevas formas de ser. Que hay ausencias que enseñan más que muchas presencias. Y que lo que nace en su lugar —por discreto o inesperado que parezca— también merece ser acogido. Y aunque el vacío pese, hay silencios que preparan el terreno para lo que germina después. Hoy, agradezco haber podido volver a pisar mi valle y conectar, de alguna manera, con aquel chaval que todavía me acompaña.

















































